«Lo de los tontos», un viaje al corazón del juego
Jugar para sobrevivir. Jugar para existir.
Por ….
07/04, 2025
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El escenario, delimitado por sutiles velos que filtran la realidad, se convierte en un universo paralelo donde las reglas convencionales se desvanecen. Allí habitan Susanita y Carlitos, dos niños cuyas personalidades contrastan como el día y la noche. Ella, desbordante de energía y fantasía, inicia cada relato como quien abre una puerta a mundos insospechados. Él, silencioso y aparentemente ausente, habita espacios que solo él puede ver. Lo que parece ser una simple historia infantil pronto revela capas más profundas de significado.
Hablar de ‘Lo de los tontos’ resulta casi un atrevimiento, porque lo que acontece frente a nuestros ojos es una experiencia tan genuina como presenciar el nacimiento de un universo. Esta obra es, en esencia, un testimonio del poder transformador del juego. Jugar como acto de resistencia, jugar como mecanismo de sanación, jugar para reinventarse cuando el mundo exterior no ofrece alternativas. A través del juego, estos niños construyen identidades múltiples, todas coexistiendo en cuerpos que la sociedad adulta ha dejado de escuchar, demasiado ocupada en sus propias urgencias.
Pero no todo es reflexión y profundidad. La obra provoca carcajadas espontáneas, momentos de pura alegría que nos reconectan con nuestra propia infancia. Sin caer en simplificaciones ni estereotipos, la mirada que atraviesa la dramaturgia combina la agudeza con la inocencia característica de la niñez. Entre lo intuido y lo imaginado, el texto de Diego Baselga brilla no solo por su ingeniosa construcción, sino principalmente por su extraordinaria humanidad.
Lo más sorprendente es cómo la obra no se presenta como un producto terminado, sino como una vivencia compartida que invita al espectador a completarla. Cada silencio, cada gesto incompleto es una invitación a llenar los espacios con nuestra propia imaginación, esa facultad que tantas veces olvidamos ejercitar en la rutina diaria.
«Lo de los tontos» trasciende cualquier sinopsis, porque no es simplemente una obra teatral, sino una experiencia que debe ser vivida en primera persona. Es de esas propuestas escénicas que te acompañan mucho después de abandonar la sala, dejándote con un renovado deseo de jugar, de crear, de reimaginar el mundo. Y quizás eso sea lo único que realmente necesitas saber.

